Si se tiene la suerte, no existe mejor forma que pasar el terrible encierro viendo películas, probablemente para muchos, y para quienes se toman la molestia de leer este artículo, el cine, era su escape mucho antes de la pandemia, y “encerrarse” para quedarse viendo películas un sábado en la noche siempre sonó más tentador que despilfarrar el dinero en una noche de alcohol, taxis y otros juguetes.

En todo el caos de 2020, “consumir” arte se transforma en un filtro de toda la información que va circulando en redes sociales, no es inusual encontrarse con noticias disparatadas sobre conspiraciones que rebasan a la fantasía, y es entonces cuando la ficción y no-ficción se transforman en elementos necesarios para una lectura y reflexión más amplia de la realidad que nos atraviesa.

Entrando en materia respectiva, me encontré con una joya en la búsqueda de respuestas (o más preguntas) sobre lo que está pasando en el mundo de una sociedad absorbida por el terror, no sólo por el bicho del coronavirus, sino, sobretodo contagiada ya hace varios años de los discursos de odio racial, de género y de clase que se difunde a través de los aparatajes de la propaganda neoliberal.

En los último 100 años han sido las recesiones económicas del capitalismo las que han facilitado la histeria colectiva y la propagación del odio hacia minorías, señalándolas como las responsables de las fallas de un sistema que, es en sí mismo insostenible y necesita de crisis para su supervivencia. En ese sentido, cabe primero preguntarse ¿Por qué hablar de una película realizada hace más de diez años? la respuesta es simple, es debido a que podríamos afirmar que “Trash Humpers”(2009) del controvertido director y guionista Harmony Korine de “temazos» como KIDS (1995) y Gummo (1997), es quizás la película más actual que podríamos mirar y comentar durante el encierro, o al menos, en lo personal me he sentido fascinado con la rareza de un largometraje propio de una época y una mirada particular sobre la sociedad “americana”.

Quedé tan encantado (perturbado) con esta obra, que se me hizo necesario escribir algo al respecto, no quedarme solamente con la extraña sensación que te deja la experiencia de este film, sino intentar ingenuamente desmenuzarla, para que, quienes aún no se han adentrado en este oscurísimo mundo, puedan hacerlo con alguna base que les permita soportarla, transitarla hasta el final y a su vez comprender el caos político y social que ha estallado en Estado Unidos desde que el afroamericano George Floyd fue asfixiado hasta la muerte por un policía de Minnesota.

Stills de Trash Humpers

Trash Humpers es un perturbador retrato (una tendencia usual en Harmony), una comedia negra con un paisaje pictórico lleno de simbolismos; una de las estrategias más efectivas que utiliza su director en el mediometraje para dar esta sensación es el tratamiento de la imagen; Korine, a pesar de su amplia trayectoria en el cine de corte independiente, prefiere recurrir a los orígenes del género y utilizar el formato VHS para captar una narrativa casera e íntima que retrata a la familia Humper, un grupo de perturbados mentales que constantemente rompen la cuarta pared, cuestionando la posición del espectador sobre la ficción que observa, y a su vez hace preguntarnos: lo que estamos viendo ¿es realmente ficción? este es uno de los múltiples recursos que se utilizan para adentrarte en un universo de lo incómodo, y que a su vez construyen paisajes oníricos para contar una historia fragmentada del odio racial en un país de una cultura sangrante y violenta.

Es la calidad de la imagen la que nos adentra en el plano de lo oculto, utiliza el recurso del retrato íntimo, retornando a esas imágenes de álbum familiar, que a partir de la imagen construyen las historias de individuos invisibles y anónimos y las transforman en elementos identitarios, por esto, la calidad fílmica es el primer gran simbolismo que plantea Korine para desarrollar un estilo de muy particular en la que podemos encontrar una similitud e incluso cierta inspiración y referencia a la clásica de culto “Pink Flamingos” de Jhon Waters, tomando como tema recurrente el retrato del excluido, del marginado, del violento, de la violencia de la marginación.

Stills de Trash Humpers

Cada escena se encuentra desestructurada, en una narrativa no lineal, alejada de cualquier motivación narrativa objetiva (tradicional), este es otro simbolismo que utiliza para narrar la historia de la marginalidad y de la violencia que atraviesa a la condición humana, esta al ser incómoda para la construcción moral identitaria de una nación, es ocultada de los imaginarios hegemónicos, algo que desde lo personal considero que es una de las más claras intenciones de la puesta en escena que se nos presenta, por lo tanto, es como si nos encontráramos repasando el álbum familiar del lumpen estadounidense, con escenas histriónicas y conversaciones tan perturbadoras como decidoras de las intenciones de la la no ficción estadounidense.

Stills de Trash Humpers

Entre otros aspectos importantes de la propuesta, se encuentra una suerte de videoperformance o registro de performance, las acciones que los “actores” plantean llegan a ser tan viscerales que la línea entre la actuación y la vivencialidad se vuelven muy difusas, dando así la sensación de encontrarnos ante un video que pertenecería más a la “deep web” que a una sala de cine, entendiendo que la violencia y la visceralidad que se retratan no son más que un instinto “ignorante” y “vulgar” de supervivencia necesario para habitar un territorio tan convulsivo como lo es Estados Unidos.

Existen escenas dignas de análisis por su calidad estética, pero considero que son tan subjetivas, es una tarea personal del espectador, quien, con estas bases probablemente pueda comprender porque pretendo ligar al mediometraje con el caos social que se vive en Estados Unidos y el mundo, o al menos, porque esa película me hizo pensar mucho en ese contexto.

En conclusión, Trash Humpers es el retrato de la marginación que produce el poder gringo, en este caso la exclusión de un sector de la población blanca, que históricamente han sido los orígenes para la propagación de los discursos de odio promovido por movimientos racistas y de regresión de derechos humanos en ese país, como los Ku Klux Klan o los movimientos neofascistas; en tiempos donde el odio al diferente es virulento, comprender dichos contextos es necesario para evitar su propagación, y esta película puede aportar a esto, a pesar de parecer una simple, sucia y vulgar película de un perturbado mental.

El Director Harmony Korine

Luar Sojimra

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