Sobre la obra de Abel Azcona

“Me obligasteis a nacer porque mi madre prostituta y heroinómana intentó abortarme en la región más conservadora de España, y no la dejasteis. Ahora os jodeis. Comedme con patatas. Toma nacimiento político. Haré crítica con mi cuerpo sobre vuestro sistema hasta que me muera”

Abel Azcona

Fig.1 Artista Abel Azcona, performando en Israel.

Abel Azcona, ahí presente en un lugar  geográficamente lejano pero cercano barrocamente, permite con su resiliencia reconocer en nuestro contexto procesos tan propios pero obliterados, no existe dirección alguna, más solo sentido ya que su obra es pura autobiografía, navegando desde las nuevas plasticidades como performance, escultura, video, pintura, escritura e instalaciones; los museos y grandes centros culturales han recibido, acogido y batallado por los proyectos artísticos de Azcona, que se enmarcan en temáticas como la injusticia social, los derechos humanos, el género, la diversidad, el feminismo y  el terrorismo.

Uno de los factores principales para conocer la obra de Azcona, es la empatía que indiscutiblemente te genera el mirar sus obras; identificarse mental y afectivamente con el estado de ánimo, la historia de vida del artista de abandono, violencia, abuso y maltrato infantil, enfermedad mental y prostitución; te convierte en un ser que lo desees o no, te lanzas a vivir en su carne por un instante. Recordar el dolor en el arte es su consecuencia. Abel Azcona, artista español enfrenta con brasas el sistema politizado de la sociedad y nosotros miramos.

Es un hecho por todos conocido la reactivación que en la década de los 60´ del pasado siglo experimentó la ética de la virtud, fundamentalmente en el ámbito de la filosofía anglosajona. Esta “vuelta a la virtud” se ha convertido en una vigorosa orientación filosófica que no ha cesado desde entonces de crecer, ramificándose incluso hacia nuevos territorios como el arte en formato protesta o denuncia. La virtud como  empatía es una destreza  básica de la comunicación, permite el entendimiento entre personas, es el fundamento para establecer un diálogo. Sin embargo el Estado parece que no contabiliza la empatía en sus planes de gobierno y el arte está rugiendo por luchar a la verdadera vuelta a la virtud, al cuerpo sutil de la sociedad.

La habilidad de estar conscientes, de reconocer, comprender y apreciar las situaciones de vida de los demás, se han convertido en un calvario para el ser humano; una misión imposible, y muchos gobiernos apoyan esta moción, porque, qué más da librarse de los indeseados. No es raro que los gobiernos crean conocer a sus pueblos, no es raro que las iglesias crean tener las soluciones de sus feligreses en base de lo que aprecian superficialmente, la importancia de ver más allá de nuestra perspectiva se ha esfumado, el individualismo a calado profundo en el alma, roído la esencia primaria del ser; la unidad. 

Jamás podremos responder adecuadamente a las necesidades del otro. La empatía no implica perder la identidad, ni el poder sobre todo, la empatía invita a experimentar la realidad subjetiva.

No preguntamos, pero sí nos quejamos de una condición, no andamos despiertos ni lloramos por nuestros pecados, no ganamos nada por la locura sempiterna de poseer cosas o creencias, y es ahí que gracias a la obra de Azcona, “Los Padres”, entendemos que el poseer sexualmente conlleva a infinitas posibilidades; 120 sobrevivientes de prostitución, todas ellas prestan testimonio en una instalación que consiste en una larga mesa enfrentadas a dibujantes expertos en retratos policiales, así describen a la persona que protagonizó su último encuentro sexual, describen a su infinita posibilidad de ser alguien empático en su vida. Creer febrilmente que uno de estos retratos podría ser el padre de Azcona, ganar reconocimiento biológico, sin pretender el sufrimiento, sino una pausa breve en el sentir de las personas involucradas en el proyecto, en aquellas miradas ausentes, que por unas horas basta hacerles compañía.

Fig 2. Obra Performática “Los Padres”, Abel Azcona, España 
Fig.3 Obra Performática “Los Padres”, Abel Azcona, España 
Fig.4 Obra Performática “Los Padres”, Abel Azcona, España 

Abel sin duda aprendió a transformar en belleza el dolor del ser humano, ha permitido al arte ser una condición de dialogar en silencio con nosotros mismos, se nos va la mirada que entrega conocimientos de posicionamientos políticos, nos vamos de la empatía con vigilia y con sueño. Quizás el salirnos por un instante de nosotros mismos para habitar la piel del artista, olvidarnos de las normas y de los principios, adoptar el talante de la obra performática “Empatía y Prostitución”, en donde el artista tendido desnudo sobre una cama, esperando tener un vínculo que se dá únicamente a través del pago; en un espacio de imposiciones y actos violentos, los espectadores tenían a su merced por largas horas el cuerpo del artista. Ser el resultado natural de empatía con su madre biológica en la noche de su gestación; y en entendemos que donde muy alto llora el lucero, no llora el hombre cadente que lleva a Azcona al matadero.

Fig. 5 Obra Performática “Prostitución y Empatía”, Abel Azcona, Colombia.
Fig. 6 Obra Performática “Prostitución y Empatía”, Abel Azcona, Colombia.
Fig. 7 Inauguración de la  Obra Performática “Prostitución y Empatía”, Abel Azcona.

Ya que los primeros años artísticos de Azcona son una incesante exploración de la sexualidad con finalidades catárticas, sin dejar de lado la repetición del dolor y lo que implica el autoconocimiento; ha permitido que los visitantes de las obras lleguen a experimentar sus propios límites en espacios no convencionales como un museo o una galería, espacios que indudablemente invitan siempre a la reflexión de la contemporaneidad; así que un espacio cultural, un artista y su vida inmortalizada en una obra, han empujado a la sociedad a crear revoluciones en sus mentes y corazones, como en el diario vivir tenemos la potestad de activar situaciones morales y de mejorar la civilización, tenemos el poder de simplemente mirar y excusarnos. Gracias a las obras de Azcona un sin fin de personas han salido del círculo observatorio, han activado las piezas del artista y han establecido una conexión crítica y política en el entorno social.

En la vida muchos andamos como ovejas sin pastor. Este papel lo protagoniza con ímpetu Abel,  que reúne y contabiliza información de denuncias de abusos infantiles, guía artísticamente a los testimonios, recopila emociones y recuerdos, tanto es su empeño por marcar el camino que en su obra performática de larga duración “Visibles” transparenta la experiencia de abuso infantil relatada por varios adultos en cartas, los visitantes las leen, las sienten y agradecen no haberlas vivido, así la misiva iba acompañada de retratos de las personas abusadas junto a retratos de adultos abusadores; el máximo y sutil enfrentamiento. 

Fig.8  Obra Performática e instalativa “Visibles”, Abel Azcona, Colombia.
Fig. 9 Obra Performática “Visibles”, Abel Azcona, Colombia.

Otra de sus obras y una de las más polémicas es “Pederastia”, que bajo un proceso de varios años de recolección de hostias consagradas, que  en distintas celebraciones de misas de algunas iglesias en España, relacionadas con la infancia del artista, forman orgánicamente una instalación en donde se aprecia la palabra pederastia. Una denuncia, un esclarecimiento y una respuesta de confrontación ciega por parte del estado religioso; la obra va acompañada de procesos curatoriales y documentales de archivo como boletas judiciales, fotografías e informes. Finalmente “La Sombra”, una obra empoderada de la denuncia de 242 adultos españoles, refleja la inocencia de los parques infantiles, de los espacios seguros y la poca seguridad que se oferta a los niños. Durante la inauguración del proyecto expositivo, Azcona realizó un performance en vivo situado en el centro del museo o galería de arte en una instalación metafórica similar a los parques infantiles de la documentación. Durante la obra performática, el visitante podía sentarse junto al artista y escuchar en primera persona uno de los 242 testimonios que Azcona había memorizado previamente.

Fig. 10 Obra Performática “Pederastia”, Abel Azcona, España 
Fig. 11 Obra Performática “Pederastia”, Abel Azcona, España 
Fig. 14 Obra Performática e instalativa  “La Sombra”, Abel Azcona, España.
Fig. 13 Obra Performática e instalativa “La Sombra”, Abel Azcona, España.

Alguna vez el poeta español Federico García Lorca escribió: «las emociones de la infancia están en mí, yo no he salido de ellas, los recuerdos, hasta los de mi más alejada infancia, son en mí un apasionado tiempo presente». Después de haber actuado como pastor, Azcona se convierte en el lobo feroz, su insistencia en la protesta va a capa y espada, ya no es solo la tortuosa experiencia de vida del artista, son 242, son 4320, son cientos de miles y seguiremos contando. Algunos parecen ofenderse por los datos reales, se ofenden al saltar la evidencia del pisoteo y del abuso. No queremos que en los labios se encierren más mentiras y que en las arcas se encierren más millones.

El lobo es el causante de la ira, de las tensiones y de las penas, con dinamismo Azcona destruye la metafórica paz. Él es artista, pero es puro cataclismo para muchos.

Entonces tener empatía hace que evoquemos el concepto de sufrir, de sentir aquello que el otro siente. La propia etimología de la palabra nos remite al concepto griego de pathos o sufrimiento, la condición; gracias a la línea artística de Azcona imaginamos la ausencia del espacio, nuestras alas limitan con finos hierros, como peces queremos nadar desesperados ante la empatía y simplemente chocamos con la invisibilidad de una extraña pared que no nos deja escapar. Es un cuadrado, el dogma de la sociedad, el adoctrinamiento de la perpetuidad. ¿Sentirnos mejor?, quizás.

Ya no imaginémos, saquémonos el antifaz, porque el abuso lo vemos, pero lo disfrazamos de leyes y gobiernos, la maldad incorruptible, el ego nos puede más, y del observador no pasamos.

Somos responsables de nuestra futura carencia, y a eso lo llamamos inteligencia?

¿Ahora dime si sentiste empatía o sigue la indiferencia?

Y con esto debería nuestro penar preguntar si la vida puede llorar, y volvemos a preguntar, labios en triste arrobo: mato y abuso porque soy a la vez pastor y lobo.

Cristina Carrasco

Curadora de Arte

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