El mundo está cambiando, nosotrxs estamos cambiando, la música está en constante movimiento, la experiencia de vivir un concierto ya no es la que conocíamos hace meses atrás, el público se siente un poco confundido pues nos está costando adaptarnos a vivir virtualmente, antes ya lo hacíamos, pero ahora es obligación y cuando nos imponen algo lo rechazamos por naturaleza.

Pero por el momento, no tenemos opción.

¿La música nos puede salvar de este momento tan bizarro que estamos viviendo?

Creemos firmemente que sí.

En un mundo paralelo, mañana estarían en las Islas Galápagos más de 30 artistas nacionales e internacionales y veinte y pico de expertos en temas ambientales y de la industria musical para la segunda edición de Isla Viva, este año por razones que ya todxs conocemos, todo el despliegue será virtual, pero eso no le quita la importancia ni la emoción de vivir este segundo encuentro.

Isla Viva Galápagos es una iniciativa de gente comprometida con la música y el cambio, la misión es, de alguna manera, intentar salvar o por lo menos generar consciencia sobre uno de los archipiélagos más importantes del mundo. Esta es una producción también de uno de los festivales más queridos del país, Saca El Diablo, entonces la propuesta musical viene cargada de calidad y buena onda.

Para la gente que no está familiarizada con Isla Viva Music Conference les contamos que son 5 días de puro conocimiento, activismo ambiental y música.

Este año la meta es generar 1.000 kits para crear huertos sostenibles en Galápagos, todo esto sólo será posible con tu ayuda mediante una donación en Buen Plan, también en esta plataforma puedes comprar tu day pass para los conciertos e inscribirte totalmente gratis para las charlas y talleres que contará con la presencia de personajes al frente de Lollapalooza Chile, Vive Latino y mucho más.

Conversamos con dos figuras claves de este festival, Jorge Asanza quien es uno de los fundadores y Director Ejecutivo y con Fabiola Pazmiño quien está al frente de armar la propuesta educativa en la parte de las charlas y talleres.

Hola Jorge es un gusto tenerte de nuevo en La Descarga, sabemos que eres la cabeza atrás del festival Saca El Diablo, junto a Bastián Napolitano y ahora al mando de la segunda edición de Isla Viva, una propuesta que rompe lo convencional de hacer conciertos, pues la esencia de este evento va más allá de la música, tiene un valor agregado fuertísimo donde el objetivo es recaudar fondos para elaborar 1.000 kits para la generación de huertos urbanos en las Islas Galápagos.

¿Esta idea nace completamente de ti? ¿Cómo surge el inicio de todo esto?

Desde muy joven siempre me llamó la atención los proyectos de carácter social o ambiental, y desde hace más de 10 años me desarrollo como manager, gestor cultural, productor de evento y abogado especialista en temas artístico – culturales, y ya venía esta idea rondándome en la cabeza de promover un mercado cultural luego de haber visitado varios eventos similares en el mundo.

Pero no fue sino hasta el 2016 cuando Nicolás Prieto, compositor y vocalista de Arkabuz, galapagueño, me buscó para hacer un evento en San Cristóbal, y fue cuando todo tomó sentido para mi, y le propuse hacer un mercado cultural en vez de un festival de música en donde no solo promovamos arte y cultura, sino también además iniciativas vinculadas a la conservación y a la responsabilidad social.

Finalmente a esta idea se sumó Juan Pablo Muñoz, investigador y científico del GSC – Galápagos Science Center de la USFQ, quien nos mostraría el impacto ambiental que las Islas reciben a raíz del consumo del plástico a nivel mundial.

Es así y como en Noviembre de 2018 con el apoyo de todos quienes hacían Radar Music en ese momento: Adrián Enríquez, Estefanía Pérez, Blanca Torres, Alejandra Rodríguez, Luis Castro, Jorge Gonzáles, Daro Benavidez y muchos más colaboradores logramos llevar a cabo nuestra primera edición, el cuál fue un reto logístico gigante para llevar a cabo en la San Cristóbal un evento de primer nivel técnico y artístico, con un total de 3 días de jornadas, 16 showcases, 12 Charlas y talleres, 10 pitch sessions, y muchas más hermosas conexiones y experiencias que prevalecen hasta el día de hoy.

Fotografía cortesía de Andrea Gavilanes

Este año cambió la dinámica de todo lo que conocíamos como normalidad ¿Cuáles fueron sus sentires de pasar de hacer el festival en las propias Islas Galápagos a programarlo ahora de manera virtual?

Creo que como a todos la emergencia sanitaria nos tomó por sorpresa a todo el mundo, más aún en Latinoamérica en donde no estábamos preparados reaccionar de manera más inmediata y efectiva como a diferencia de Asia o incluso Europa que han sido continentes con experiencias similares en décadas anteriores.

Y no voy a mentir, al inicio tuve mucho, miedo, incertidumbre e incluso en ciertas ocasiones hasta depresión. Además de un profundo dolor y preocupación sobre la realidad de nuestro país, realmente parecía una película de terror. Al mismo tiempo todos los proyectos se venían abajo y no había un panorama alentador para reactivarlos.

Luego de unos meses finalmente logré aceptar que esta sería nuestra “nueva normalidad”; al menos este año y quizá una gran parte del siguiente, y es así como decidí llevar a cabo la segunda edición de manera virtual.

En cuanto a los conciertos virtuales ¿Serán en vivo o pre grabados? Y cómo manejan la dinámica con los artistas internacionales para la presentación de su show.

Los conciertos de los artistas nacionales fueron pre grabados y montamos nuestro set en Botánica, café laboratorio en La Floresta. Un set increíble que contaba con plantas, huertos urbanos y con toda la calidad de audio y video. Para los artistas internacionales transmitiremos sus conciertos en los set en los que ellos han armado en sus respectivos países con las mismas características. Previo a cada show tendremos la oportunidad de conectarnos con cada artista en vivo y entrevistarlos, para esto contaremos con Juana Guarderas, Ave Jaramillo y Jalal Dobouis, quienes serán nuestros anfitriones en esos 3 días de conciertos.

Hablando ya del Festival como tal ¿Cómo ha sido la respuesta y qué tanto se integró a la población de las islas en las charlas y eventos del festival el año pasado y cuál será la dinámica de este año ya que no será presencial?

En general en la primera edición tuvimos una respuesta bastante positiva, en donde la comunidad y las autoridades locales en su mayoría estuvieron presentes en las distintas actividades.

Este año al ser una edición digital, el reto es mucho mayor, no solo porque hay una sobre saturación de contenidos y comunicación, sino porque Galápagos no cuenta con un buen internet al momento. Por lo cuál estamos planificando poder retransmitir todo el festival en los domingos culturales que se llevan a cabo cada dos domingos en el malecón de San Cristóbal, a finales de agosto e inicios de septiembre en donde paralelamente entregaremos los kits a los beneficiarios y empezar a sembrar estos huertos. 

Gracias Jorge.

Por otro lado, la oferta educativa del festival es riquísima, con más de 20 exponentes de todo el mundo para compartir en las diferentes charlas y talleres (todas gratuitas) es sin duda algo para presumirlo alto.

Fabiola, la tarea no debió haber sido fácil ¿Cuánto tiempo toma gestionar y confirmar a todas las personas invitadas para los paneles?

Montamos el encuentro en dos meses. La pandemia nos obligó a re-pensar todo el formato y, si bien dudamos, decidimos hacer esta edición de ISLA VIVA GALÁPAGOS de manera digital pero con el firme propósito de no perder el factor sorpresa y novedad que caracteriza a este encuentro. Isla Viva es un espacio para el diálogo y la concientización ambiental con la música como lenguaje en común, eso permite que sea una propuesta sumamente atractiva y nos facilita mucho una buena recepción ante nuestras invitaciones a artistas, gestores e invitades en general.

Hablando de hace un año ¿Qué resultados y mejoras se lograron en la isla después de las conferencias e iniciativas ecológicas de la primera edición del Festival?

Con Isla Viva 2019 iniciamos un proceso de visibilización del problema, por ahora es demasiado pronto para hablar de resultados, pues estamos en plena etapa inicial, creemos que, a partir del tercer año, nuestros indicadores van a ser más concretos y sustentables. Sin embargo, es muy interesante ver la expectativa que se generó en la isla con el proyecto, poco a poco más iniciativas y emprendimientos se nos han acercado para aliarse con nosotros y fortalecer sus redes de acción. Desde el lado de la gestión cultural enfocada en la música, Isla Viva se está posicionando a nivel internacional como una iniciativa única y, por ende, empieza a ser foco de interés y apoyo. Hemos recibido colaboraciones a nivel mundial que han permitido que esta edición se lleve a cabo con invitades de lujo y contenidos originales y pertinentes.

Fotografía cortesía de Andrea Gavilanes

Los temas de cada conferencia para este año son precisos ¿Cómo es la curaduría de los mismos? O simplemente son necesidades y puntos que tú has decidido preciso hablarlos por la coyuntura que vivimos actualmente?

La curaduría es estratégica. Durante estos 4 meses hemos seguido muy de cerca todas las propuestas digitales alrededor de los temas que abarcamos con Isla Viva, pero para nosotros el factor diferencial de este encuentro está en su esencia comunitaria. Isla Viva busca ser un lugar de encuentro, de resiliencia, de creación. Nuestro lema de este año es “siembra una semilla y cosecha música”, esto es algo simbólicamente muy potente porque esa semilla está en nuestras manos, un mundo que crea desde el arte es un mundo en paz, un mundo con música es un mundo en armonía, la semilla que sembremos permitirá que cosechemos equidad, que vivamos en amor y respeto a la diversidad que nos caracteriza. Todos esos mensajes son los que se tejen en Isla Viva, no podemos hablar de equilibrio si no empezamos por nuestro cuerpo, generando conciencia de los alimentos que consumimos. No podemos hablar de equidad si no conocemos y valoramos nuestras raíces y no podemos amar lo que somos si no gozamos de nuestra diversidad cultural. Todas esas reflexiones se han manifestado en cada una de las temáticas de las charlas y talleres. Cada una se conecta con la otra o se complementa en la otra.

El año pasado nuestro enfoque estuvo en generar conciencia respecto al uso indiscriminado del plástico, este año estamos promoviendo la equidad, el consumo responsable y la soberanía alimentaria, en ambas ocasiones, naturalmente, la música ha sido nuestro vehículo y nuestro escenario de gestión, para explicarlo mejor se me ocurre un pedacito de una canción fantástica de Rubén Blades llamada “Siembra”, en la que dice:  Olvídate de lo plástico que eso nunca deja na´/ Siembra con fe en el mañana, nunca te arrepentirás, ¿dime si estas dos líneas no resumen mágicamente todo nuestro discurso?

Es imposible no hablar de la pandemia y de la -nueva normalidad- … Para el tema de charlas y talleres el tema virtual capaz no suena tan drástico ni feo (por llamarlo así) como lo puede ser para un concierto pero ¿Cómo ves el futuro de todos estos encuentros importantísimos en nuestro país? Y cuál debería ser el compromiso de las personas que consumimos música, arte, festivales y más?

Esta es una pregunta compleja porque la situación no es sencilla para nadie. Necesitamos consolidarnos como una sociedad que deje de pensar en la cultura como un gasto o un lujo y la asuma, cuide y respete como al derecho que es. La pandemia ha sido devastadora pero no podemos permitir que se la utilice para justificar retrocesos en los ya escasos avances que habíamos conseguido en nuestro país. Los lazos culturales están en riesgo, las expresiones culturales de raíz están en riesgo, las lenguas ancestrales están en riesgo, todo esto es gravísimo. La brecha tecnológica es un factor que nos juega muy en contra porque la relación de cultura con tecnologías ahora es imprescindible para fortalecer el diálogo y fortalecer nuestra diversidad. La cultura es una manera esencial de convivencia, de compartir comunitariamente, la pandemia ha despertado el miedo al otro y no podemos permitirnos que el miedo se imponga y nos separe. Hemos visto como la creatividad ha fluido en esta crisis y eso habla mucho de que la necesitamos como punto de fuga y de encuentro. Sin arte y sin cultura no podemos establecer diálogos empáticos, equitativos ni diversos.

Sofía Córdova V

La Descarga

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