Inicio este texto en primera persona, enunciándome como cuerpx Trans no binarix, hater del matrimonio. Escribo en Quito, en junio de 2020, en contexto del Orgullo Gay y un año de haber logrado el matrimonio igualitario en mi país. Sin embargo, considero que para hablar o celebrar el matrimonio igualitario se debe tener claros algunos hitos que hicieron que este derecho sea posible. Para ello, hablaré sobre la familia y el matrimonio, y recorreré algunas sentencias legales que sirvieron de plataforma para lograr este derecho.

El matrimonio en si mismo ha sido una institución que reproduce las jerarquías sociales y el dominio masculino sobre las mujeres, los niñxs y el mundo. La gente cree que el matrimonio significa amor, pero en nuestra cultura, en nuestras casas, el matrimonio ha significado normalización de violencias varias. No es nuevo escuchar frases como “a la prima se le arrima” o “todo queda en familia”. Estas frases están lejos de ser inofensivas en una cultura que esconde el estupro y las violaciones dentro de la familia.

En Ecuador, 7 niñas menores de 14 años dan a luz a hijxs de sus violadores al día.  Estos suelen ser sus padres, primos o tíos. Antes de 2015, el matrimonio pedófilo era legal en Ecuador con el consentimiento de los tutores legales del menor, según el articulo 83 del Código Civil. Esta ley solo pudo ser modificada por recomendación de la ONU.

Nos pintaban la imagen de mamá, papá, hijxs, perros, casita y carro como la familia modelo. Con esto, las familias como la mía: con un padre lejano, de madre y abuela solteras, o las familias ampliadas eran categorizadas como disfuncionales. Y todo esto solo era una opción para los heterosexuales (quienes deberían replantearse los valores respecto a la familia). ¿Son estos los valores del orgullo gay? ¿Construir familias que se compran una casa y turistean el mundo?

En el mundo, la lucha por el Matrimonio Igualitario comenzó en 1989, en Dinamarca. En nuestro continente, hacia 2010, colectivos sociales presentaron un proyecto de ley de Matrimonio en Argentina que resultaría exitoso. En Ecuador, comenzó en 2012 con Igualdad de Derechos Ya, un colectivo formado después de que le negaran la posibilidad de casarse a una pareja de lesbianas. Igualdad de Derechos Ya presentó una acción de protección a la Corte Provincial, sin ninguna respuesta favorable, y el tema se quedó en silencio durante un tiempo.

Todo esto sucedía en un contexto de supuestos avances en derechos humanos en el gobierno de Correa. El presidente insistía en sus sabatinas que “los hombres bien hombres y las mujeres bien mujeres” serian los únicos en casarse. Correa intentaba evitar los temas de diversidad sexo genérica, como por ejemplo en septiembre de 2012 cuando se presentó por primera vez en el Ecuador una propuesta de ley que consideraba el cambio de la casilla de sexo por género en la cedula de los ecuatorianos; él obviamente la negó. La demanda para lograr el matrimonio entre personas del mismo sexo y la propuesta de cambio de género eran constantemente confundidas en el debate público. El ex presidente creía que la gente trans demandaba mejores condiciones de identidad porque querían casarse.

En 2016 hubo una ganancia a medias cuando se permitió que las personas trans registren su género en la cedula de identidad. Se modificó el articulo 94 de la Ley Orgánica de Gestión de la Identidad y Datos Civiles, que menciona que es posible registrar el género auto percibido por las personas, pero que es necesario probarlo con dos testigos. Vivimos en un país donde te piden demostrar con testigos tu identidad auto percibida (entiéndase la contradicción).

Entonces, tuvieron que pasar algunos años, cambiar de gobierno (2017) y hasta cambiar de Corte Constitucional (2019) para que vuelva a imaginarse un panorama de avance de derechos para la diversidad. Pero en 2018 llegó una sorpresa internacional: la Opinión Consultiva 24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esta opinión recomendaba a los Estados tomar en cuenta la no discriminación en instituciones de familia a las personas GLBTI+, identidad de género para personas trans, igualdad y no discriminación. Es aquí cuando la plataforma para la implementación del Matrimonio Igualitario resurgió.

Lo que no se menciona con orgullo es que antes de la reactivación del activismo por el Matrimonio Igualitario, en junio 2018 la Corte Constitucional aplica la opinión consultiva por primera vez dando sentencia a favor del Caso Satya, haciendo la opinión vinculante, lo que significaba que permitía la revisión de la Constitución. Satya es una niña cuyas dos madres buscaban registrarla con el apellido de ambas, quienes tenían unión de hecho. El registro Civil se negó, y el caso pasó a la Corte Constitucional. En 2018, por primera vez en el Ecuador se registraba a una hija de dos madres. En este momento comenzó la ganancia.

En este mismo año, la fundación Amor y Fortaleza, junto con Fundación Pakta, llevaron a cabo una acción de protección para que el Registro Civil reemplace de la cédula de identidad de una niña Trans la casilla de sexo hombre por el género femenino. La sentencia favorable de este caso, en el que también se apelaba la aplicación de la Opinión Consultiva 24/17, sirvió de plataforma para que un año después se lograra la legalización del Matrimonio Civil Igualitario.

Tal vez todos estos datos suenan como hechos desconectados, pero lo que tienen en común es que, tanto como el caso Satya, el caso Amada apelaron a la Opinión Consultiva.  Esto fue la plataforma de ganancias de la diversidad ante un Estado que vulnera nuestros derechos. El Matrimonio Civil Igualitario fue casi una consecuencia de estas ganancias legales.

En junio de 2019, la Corte Constitucional expidió una sentencia favorable a varios casos de acción de protección llevados por abogados de Pakta, que solicitaban matrimonios de personas del mismo sexo. El Matrimonio Igualitario que se celebra desde entonces fue posible gracias a luchas de familias diversas y de personas trans, que durante años le exigían  al Estado: ¡reconoce nuestros derechos!  

Como dice Christian Paula abogado de Pakta el matrimonio fue un símbolo para demostrar que necesitábamos cambiar la forma de pensar a la familia. Yo mismo creo que muchxs cuerpxs diversxs no podemos pensar en matrimonio, cuando necesitamos empleo, tener mejores posibilidades de acceso a educación y al sistema de salud. Pero no basta con que lxs personas Trans lo tengamos claro. Se necesita que todos aquellos cis, homosexuales que están celebrando el matrimonio ahora mismo conozcan que esta lucha por mejorar la vida de las personas diversas no la lograremos solxs.

Texto: Runa Sanabria

Ilustraciones: APXEL

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