Diez de cada DIEZ y no lo ves

Diez de cada DIEZ y no lo ves

 

Mayra, Irene y Nelly en tres días. Vanessa, Olga y Erika en otros tres. Carmen, Amanda y Rosa después de tres días más. Así matan a 132 y violan a 4.000 mujeres y niñas por año. Las asesinan machitos que se creen sus dueños. Se me ocurre que quizás sus muertes fueron causadas por “amor”. “La maté porque era mía”, escuchamos.

Es normal que te ataquen con silbidos o con miradas intimidantes cuando caminas sola. Es normal que te cambies de vereda con miedo si ves a un grupo de hombres borrachos. Es normal que te llamen puta si eres muy atrevida. Es normal soportar chistes sexistas que te desvalorizan. Es normal que seas tú la culpable de tu violación.

Estas situaciones son discutidas todos los días entre mujeres, pero para las instituciones y la justicia no son violentas. La estructura patriarcal de la sociedad está violentando nuestra intimidad (intimidad entendida como cuerpo) y lo seguimos tolerando. No son seis de cada diez mujeres las que son territorializadas debido al machismo; estamos a la defensiva de estas agresiones diariamente. Somos diez de cada diez.

Salir a espacios públicos significa estar permanentemente a la defensiva de cualquier hombre. Pero la batalla también se libra en espacios privados: dentro de nuestra casa y de nuestro lugar de trabajo. Las mujeres somos las únicas que desde nuestra infancia debemos cumplir silenciosamente con un trabajo doméstico: limpiar la casa, cocinar o cuidar al hermano. Pero después del esfuerzo que requiere ganar un espacio en un territorio normalmente masculinizado, por ejemplo, en el arte o en la gestión del arte, en la medicina, en la construcción, nadie nos llama escritoras, doctoras, productoras o ingenieras, aunque seamos profesionales. Seguimos siendo solamente muchachas, señoritas, jovencitas o incluso niñas.

El machismo es la multiplicidad de violencias generacionales, aprendidas y rutinarias que se apropian de nuestro territorio y evitan que nos apropiemos del mundo exterior, utilizando para ello palabras y acciones que dañan nuestra dignidad y afectan nuestros patrones cognitivos desde la infancia. Asumimos una postura de aceptación, aparentemente solo por nuestra naturaleza de ser mujeres. Aceptamos ganar menos sueldo, la privación de nuestra libertad de parte de nuestra familia, el no poder salir de casa si no tenemos un hombre que nos cuide o nos mantenga. Aceptamos que se dude de nuestra capacidad para hacer cualquier cosa y ser vistas como vulnerables. Aceptamos que se decida sobre los límites de nuestro cuerpo, y escuchar en todos lados que el aborto legal es peor que una violación.

Ya sabemos que el abuso de poder está institucionalizado, avalado por la ley, y que en la base de los derechos humanos hay una visión masculina. Nuestros derechos son sobreentendidos, infravalorados y todavía no han sido reinterpretados. No hay privilegio que proteja nuestro cuerpo, porque estar vivas y ser humanas no es suficiente para garantizar nuestros derechos. ¿Qué lugar ocupa el cuerpo femenino si cuando nos golpean, nos violan o nos matan somos nosotras las culpables, por andar solas en la calle?

Morimos gratuitamente.

Y matar no es una broma, es un delito. Nos matan hombres criados como machitos. Nos encadenan al patriarcado desde la justicia, utilizando nuestro cuerpo como territorio político. El Estado nos asesina 132 veces al año. El micromachismo nos viola todos los días.

Yo les pregunto a mis compañeros: tú, como hombre, ¿qué estás haciendo contra tus comportamientos machistas?, ¿estás viendo a tu compañera como tu igual? El depilado de tu pareja no es decisión tuya. Las prácticas sexuales incluyen el consenso y el esfuerzo de generar placer sin dolor. La mujer puede disfrutar de la libertad de su sensualidad sin que tú la acoses.

Y para nosotras: es tiempo de dejar los pensamientos y actitudes machistas a un lado. Es tiempo de reconocer nuestra feminidad respetando nuestro territorio, de dialogar con nosotras y con los otros, de sentir placer sin culpa y expresar emociones reales. Es tiempo de darnos cuenta de que la dependencia es una forma de violencia también, y de que no tenemos que buscar seguridad en un hombre. Es tiempo de saber que hacernos respetar no tiene nada que ver con llegar vírgenes al matrimonio. Hacernos respetar significa no tener que estar más a la defensiva, y exigir ser vistas al mismo nivel que los hombres.

El 24 de noviembre será la marcha nacional de “Vivas Nos Queremos”, una movilización que servirá para denunciar todos los acosos, para romper el silencio y cuestionar las relaciones de poder. Para gritar, para salir del encierro, para que nadie se apropie de nuestra voz y para poder transformar el dolor en lucha, la lucha de todas. Para mantener el puño alzado por la resistencia, por la vitalidad que otorga ser mujer.

Queremos sentencias para los abusadores. Queremos igualdad en nuestras relaciones. Queremos el reconocimiento de nuestra fortaleza.

Nos queremos vivas, libres y sin miedo.

Dato Extra: Después de la Marcha Nacional Vivas Nos Queremos hemos organizado la fiesta -no oficial- junto a Dj Riobamba desde NYC, junto a J0ya b2b María Morena y Lunatik, dale click aquí para más info

Andrea Galarza

La Descarga

Fotografías: Edu León del Colectivo Fluxus

https://www.instagram.com/eduleonphoto/

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