Rita Indiana es una escritora y cantautora Dominicana nacida en 1977.

Me la imagino como lx Bowie caribeña; estéticas de pan-identidad. Su trabajo musical llama. Sus historias dibujan al Caribe y América Latina. La habitabilidad de la multiplicidad de cuerpos.

Me fascina explorar esta idea: el cuerpo habitado. Existe una característica esencialmente política del cuerpo. La forma en la que se performa con el mundo desde el afecto. Desde cómo el cuerpo habitado entiende el afecto. Su representación en sí misma se hace política: desde una experiencia de espacio, de tiempo y de lenguaje.

F: Eduardo Martinez

De esta misma forma, la obra poética, musical, fotográfica, artística, teatral, etc., como cuerpo, también es política. La política del arte como experiencia desde donde se articula la obra con la artista.

Planteo hablar de las formas en las que se sigue haciendo política desde las formas en las que se mira. Más en COVID-19. Entender las narrativas desde donde se hablan las obras, básicamente. 

Cómo nos encontramos en ese afecto desde donde nos hablan, y en ese encuentro entender nuestra propia política del afecto, su cuerpo y su economía.

La oportunidad de hablar con Rita Indiana me pareció perfecta para ahondar en el tema de las identidades narrativas. Identidades que se manifiestan desde una experiencia de afecto. De un lugar, de un cuerpo y su teatralidad.

F: Noelia Quintero

Su nuevo disco Mandinga Times está cargado de relatos que  transitan en la relación entre el yo y la enfermedad, la guerra, el amor, la muerte, el miedo, la locura, la injusticia y lo lunático. 

¿La temática troncal?: El espacio que habitan los fantasmas. 

De este espacio y momentos nace el personaje que es representado en sus últimos videos musicales.

En Mandinga Times empezamos con el sonar de la sirena que anuncia su entrada hacia el limbo del 2020. Con el coro de guitarras infernales y los sonidos liminales, aun se puede disfrutar de su merengue maníaco, de su conga mística y de la remezcla bachata que conjura.

¿Cómo fue la transición entre la literatura y la música?

Todo tiene que ver con…yo toco un poco de guitarra pero no tengo ‘esa habilidad’ con ningún instrumento. Para finales de los 90’s se hacen muy populares estas tecnologías digitales para hacer ‘beats’, que eran bastante ‘user-friendly’; empiezan a aparecer los reasons, fruity loops, y todas estas cosas. Entonces yo empiezo a jugar con ellas,  y a recrear ritmos afro dominicanos, un poco de merengue, de puro oído.  A mucha gente se le abrió la puerta musical para esa misma época porque eran herramientas que no existían antes. Antes tenías que ir a un estudio musical tradicional, tocar un instrumento, ser una virtuosa, o por lo menos saber tocar para hacer música. Pero es aquí en donde empiezo hacer música. La idea inicial no era hacer música popular sino acompañar ciertos textos, algunas piezas de performance art y video arte que yo hacía en ese momento. Después fueron algunos amigos músicos que escucharon lo que yo hacía y me fueron entusiasmando. A la gente le empezó a gustar más esa nueva música que hacía que lo que acompañaba, entonces empecé hacer cosas con más intención en ese sentido.

De repente tenía ya canciones que me gustaban mucho, entonces empecé a sacar proyectos musicales, hasta  que saqué la banda de los misterios que fue coger lo que  ya se había hecho en el programa y decirle a los panas de Santo Domingo con los que monté la banda ‘vamos a montar esto’, con tambora, güira, batería, guitarra, bajo, sintetizador. 

¿O sea que la transición tiene que ver con un proceso de experimentación y descubrimiento? 

La música es algo que siempre ha estado en mi vida, es algo que disfruto y me nutre mucho, y que ha nutrido mi literatura y mi literatura también es música. Siempre ha estado ahí. Pero no me atrevía y fue cuando aparecieron ‘estas tecnologías’ que me permitieron traducir esas ideas musicales que yo tenía. 

A propósito de sus distintas narrativas y cada historia contada de manera distinta por cada canción, tuve que preguntar :

¿Por qué Mandinga Times? ¿Es una alusión al recorrido de estos últimos 10 años (desde que se realizó tu último álbum), o es algo que tiene que ver más con la situación del año 2020?

Mira, Mandinga Times definitivamente habla de los tiempos que estamos viviendo. Estos últimos cuatro años para me han sido un proceso muy intenso, yo vivo en el caribe, en Puerto Rico, uno de los lugares más afectados por el cambio climático. En el 2017  llegó un huracán nivel cinco que  arrasó con el país. Todavía no nos recuperamos de eso. Una serie de cosas sucedieron. Una crisis económica súper fuerte, que sin duda es mundial. Una especie de efecto dominó que han ido desvencijándose a donde estamos ahora, a la pandemia. Yo no había pensado que iba a sacar el disco  en medio de una pandemia, aunque parece planificado porque el que el disco parece una cosa un poco apocalíptica, son ideas que vienen desde antes y que siempre me han gustado trabajar mucho. Las ideas del fin del mundo, del fin de la humanidad, o la idea del fin de nuestra cultura como la conocemos. Desde niña siempre me ha obsesionado mucho ese escenario.

Desde el año pasado (2019) veníamos trabajando en el disco con Eduardo Cabra, y nos agarró la pandemia y el ‘lockdown’ en el estudio, o sea, nos agarró en medio de terminar el disco. Era muy fuerte, porque era una cosa como profética que tenía el disco en cima. 

Mandinga fue una palabra que se eligió porque significa muchas cosas  en la cultura Latinoamericana. Es una étnica africana que llegó durante la trata esclavista, y es una palabra que se ha transformado en muchas cosas. Se ha utilizado sobre todo para nombrar a las personas ‘demonizadas’ de alguna manera. Demonizar a las personas de cruce, de la periferia, los inmigrantes, los homosexuales, gente que practican religiones distintas.  Significa diablo, significa maricón, una persona hipersexual o hipersexuada. También en mi país, que te den mandinga quiere decir que te dan una paliza. Entonces era una palabra apocalíptica caribeña y latinoamericana. Mandinga Times son los tiempos de esta  paliza que estamos corriendo. 

Canciones con narrativas de ficción e historia,  Rita Indiana nos habla de las diversas identidades de una época de conmoción social a la que bautiza como Mandinga.

F: Noelia Quintero

 ¿Pero Mandinga también es este personaje representado en tus últimos videos musicales que, no sé si dentro del performance puede entenderse como tu transformación en un dios de lxs demonizadxs?

Mandinga es este personaje, este el/la  alter-ego que canta. Es un ser no binario, un demonio/ángel caído, puede ser entendido como un ser inter-dimensional también, de otro tiempo o dimensión. Es una alegoría, un ser que yo estoy conociéndolo, todavía no lo conozco del todo. Cada vez que hacemos una nueva pieza audiovisual que hago con Noelia Quintero, con mi esposa, que es quien dirige todas las piezas que hemos hecho, con Mandinga de repente descubrimos otro ángulo de este personaje. De repente a veces es el patriarcado mismo que tenemos en cima; a veces no, a veces es un poco diablo que le gusta el rock, la música del diablo y está enamorado de la humanidad y quiere ayudarnos a sobrellevar la situación. A veces es un ángel de la muerte, una especie de sátiro. Estamos todavía tratando de entenderla a Mandinga. 

Entre exorcismo e invocación, surge el personaje Mandinga. No es hasta el lanzamiento del último video ‘En contra del abismo’ de la canción El Flaco de la Mancha, que el personaje es claramente representado. El video debutó en el Festival Feminista HER este pasado 12 de Diciembre de 2020 en Canarias. Está disponible en varias plataformas.  

¿Crees que es esencial la representación en la pieza audiovisual para entender al personaje Mandinga? ¿El personaje como esta otra identidad que susurra?

Fue un trabajo muy interesante porque a la final estábamos realizando una especie de manifiesto feminista y trabajando con las subjetividades femeninas, entonces Noelia trabajó un poco ese personaje de Mandinga desde la negatividad. Como un demonio atormentador. Como un fantasma del patriarcado, poseído que quiere liberarse de todas esas estructuras que tenemos en nuestra mente y nuestro comportamiento. Es también un poco el tratamiento de la idea de lo que los griegos llamaban daemon, que es de donde viene la palabra demonio, el que muchas veces te susurra las ideas. Hay muchas lecturas de quién es Mandinga en este video. A mi me parece la versión de ella más interesante. Es también un pasado colonial por el espacio y la ropa que tiene puesta. Representa hasta cierto punto un occidente que trajo todos esos ‘horrores’ al nuevo mundo. Mandinga es un abanico de muchas cosas. Todas las cosas que arrastra un fantasma. De este video me gusta mucho eso, porque tiene más lectura que en las otras apariciones. Apela mucho a la idea de tener que hacer un psicoanálisis global para sanar el resultado que estamos viviendo que es la coyuntura actual política, económica, de salud, ecológica, etc.

El trabajo en el personaje y el disco, ha sido eso, como una dinamita. Un poco dinamitar todos esos temas, que necesitan trabajo, que necesitan ser revisados, que necesitan ser visibilizados, y en el video de El Flaco de la Mancha trabajamos a la Mandinga que fue principalmente cuerpos humanos que fueron traídos de áfrica para ser esclavizados al continente Latinoamericano, y somos producto de eso, de lo que se hizo con ellos y de lo que se hizo con los  pueblos originarios de américa.

Siempre hay desde la comedia, la ironía y la tristeza. Mandinga tiene de todo eso.

Su reencuentro musical después de casi 10 años, habla de las posibilidades de cambio, de enfrentarse a la distopía social y ecológica pero también acerca de cómo corre el tic-tac. 

Mandinga es dinamitar.

F: Eduardo Martinez

¿Cuál es la intención de éste último trabajo musical en cuanto a los espacios que habitaría tu música dentro del contexto del año 2021?

No pensé mucho haciendo el disco. En El Juidero yo sabía que estaba haciendo música pa que la gente bailara, gozara, la pasara bien, aunque pensara un poquito pero, y este disco se hizo en un encierro porque Eduardo y yo trabajábamos solos, muchos de los instrumentos los tocó el, o sea no era un disco de muchos músicos y de salir a grabar de allá pa acá, estuvimos trancados. Entonces sobre el mismo encierro de la creación del disco, también hubo el otro encierro de la pandemia. Este es un disco bien claustrofóbico. Yo sé que se va a escuchar en muchos espacios distintos, pero la realidad del disco es que se está escuchando en las casas donde la gente está encerrada. Eso está chévere de alguna forma porque sería como una sensación de alivio, de escuchar historias, y ahora que lo que más se consume, más que la música es contenidos audiovisuales, entonces este disco saca de las narrativas a las que estamos acostumbradas. Me gustaría que se pueda escuchar en otros espacios, en parques, en fiestas, pero ahora mismo las fiestas están difíciles.  Entonces eso, es un disco para el encierro y del encierro, y yo espero que tenga tantos matices que la gente pueda escuchar más de una canción, buscando irse a otros mundos, a explorar otros mundos. 

¿Giras o conciertos?

Bueno, tenemos  planes para el año que viene, y digo “planes” de salir a tocar en el verano. A ver si se concreta, hay muchas cosas, festivales que se están activando pero todo depende de si la vacuna funciona, si todo esto se va pal carajo, qué va a pasar. Es que es la incertidumbre total, yo no sé qué va a pasar. Me encantaría decir que el verano vamos a estar tocando y pasándola bien, pero vamos a ver. Yo estoy  de momento haciendo un trabajo interno y me quiero enfocar en ello hasta finalizar este año. 

Cuéntanos un poco acerca de la película Papi ¿De qué forma estuviste involucrada en su producción?

La película es una adaptación de mi novela. El crédito de productora asociada que tengo es por los fondos que busqué para la música y los derechos de música que se compraron porque tiene una canción de Rafael de España, merengues de la época, etc. Todo lo que es la adaptación del guión y la dirección, es de Noelia Quintero.  A mi me gusta escribir tratamientos, una historia,  pero para los guiones…

Yo nunca pensé que ese libro pudiera adaptarse al cine. Ahora mismo se está viendo en Santo Domingo; en medio de la pandemia hicimos un screening de una première bien interesante con la gente a distancia, con mascarillas, fue bien loco. Se está viendo allí, viene para Puerto Rico a principios de año (2021), estamos viendo las posibilidades para Colombia, y otros sitios en Suramérica, y esperamos que pueda pasar por algún festival este año que viene. 

La película tiene mucha influencia teatral. Es así como se podía desarrollar.

El teatro es algo que me gusta hacer.

¿Próximos planes literarios?

Tengo muchas novelas engavetadas, como cinco proyectos de novelas que empecé, que empiezo, pero como dije, estoy ahora por primera vez en mi vida tratando de parar la compulsividad creativa, porque siempre estoy bien ansiosa y bien creativa, entonces quiero bajar un poquito el diapasón como dicen aquí, bajar un poquito el ‘switch’ y entrar en algo más contemplativo y trabajar en una  obra sea literaria o musical, sea lo que sea que vaya hacer, desde otra perspectiva un poco más tranquila. Eso es lo que me ha traído la pandemia. Buscar otra perspectiva y otra visión.

¿Recomendación de literatura o autorxs Latinoamericanxs o Caribeñxs?

Recomiendo muchísimo el trabajo, -que yo soy súper fan-, de Johan Mijaíl. Si se cree que ya está consagradx, pues yo lx consagro aún más. Siempre está al límite, en peligro. Se permite ponerse siempre en peligro con su trabajo, eso lo admiro mucho y lo respeto. Se puede encontrar de todo con Johan.

Ana Trinidad Mazenett

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